Descripción
La retina contiene cuatro capas, siendo la más próxima
al epitelio pigmentario la formada por los dos tipos de fotorreceptores:
los conos y los bastones (Fig.1).
Los conos están implicados en la visión del color
y el brillo de la luz, mientras que los bastones son estimulados
con luz débil en un rango de longitud de onda más alto.
La luz provoca una hiperpolarización de los bastones causada
por el cierre de los canales de sodio. En ella intervienen los canales
proteicos del segmento externo (donde la membrana se pliega formando
discos) de los bastones.
En oscuridad, el potencial de membrana de los bastones es de -30 mV,
considerablemente menor que el resto del potencial (-60 a -90 mV)
típico de las neuronas y otras células eléctricamente
activas. Consecuencia de esta despolarización en oscuridad,
los bastones en oscuridad están secretando constantemente neurotransmisores,
siendo estimuladas continuamente las neuronas bipolares de la retina.
Un pulso de luz causa un incremento del potencial de membrana en los
bastones llegando a estar hiperpolarizada (más negativo). La
hiperpolarización causa descenso de la liberación de
neurotransmisores.

Fig.1. Corte transversal
de las capas de la retina (Darnell y cols. 1990).
El estado despolarizado en oscuridad de la membrana plasmática
de los bastones es debido a la cantidad elevada de canales de Na+
abiertos. La luz, mediante la cascada de la fototransducción,
cierra los canales de Na+. Cuantos más fotones son absorbidos,
más canales son cerrados, mayor hiperpolarización
y menor liberación de neurotransmisores. Sólo un flash
de luz de 6-10 veces el mínimo detectable causa la mitad
de la hiperpolarización máxima estimada. Los fotorreceptores
experimentan el fenómeno de la adaptación. Es decir,
si los bastones están expuestos a la luz continuamente, son
necesarios más fotones para causar la hiperpolarización
que si los bastones permanecen en oscuridad.
Mecanismo molecular de la percepción
visual
Existen varios puntos críticos para comprender el proceso molecular
de la percepción visual:
- cómo la luz es absorbida
- cómo se traduce esta luz en los sucesos que regulan
los canales de sodio
- cómo se adaptan los bastones a la gran variación
de intensidad de luz y cómo se produce la neurotransmisión
1. La absorción de un fotón desencadena la isomerización
del retinal y la activación de la opsina.
La rodopsina es una proteína de la transmembrana de los bastones
que presenta dos componentes: una apoproteína opsina y un
cromóforo 11-cis-retinal. La opsina es capaz de interactuar
con la proteína G transducina. El 11-cis-retinal absorbe
la luz visible (400-600 nm) en una secuencia de eventos hasta la
formación de All-trans-retinal. En oscuridad, se produce
la isomerización formando nuevamente 11-cis-retinal en una
reacción catalizada en las membranas de los bastones, para
ligarse nuevamente a la opsina y reformar la rodopsina (Figura 2).

Figura 2. Fotoestimulación
de la rodopsina. (Darnell y cols. 1990).
2. La llave del GMP cíclico en la fototransducción.
En oscuridad, el bastón está despolarizado y el Na+
fluye desde el exterior al interior del segmento externo. Para que
esto suceda, es necesario que los canales proteicos estén
abiertos, lo que se consigue con el GMPc. Cuando un fotón
excita la rodopsina, ésta colisiona con la proteína
G (transducina) activando así a la GMPc fosfodiesterasa (PDE)
(figura 3). Al descender bruscamente el nivel de GMPc disponible,
el canal iónico se cierra y la membrana se hiperpolariza
al cesar el influjo de Na+. Este hecho presenta una paradoja en
la teoría general de la sinapsis, puesto que los bastones
transmiten el estímulo tras la hiperpolarización de
la membrana, en lugar de ser activada mediante despolarizaciones.
Tanto la hiperpolarización como la regeneración de
la rodopsina son dos procesos dependientes de GMPc y ATP.
La rodopsina fotoactivada afecta a varios cientos de moléculas
de GMPc a través de una PDE que implica la disociación
del todo-trans retinal de su opsina conectada a la proteína
G modificada. La rodopsina activada puede activar en un primer paso
a 500 moléculas de transducina que posee tres unidades, alfa,
beta, gamma. Las subunidades beta y gamma (similar a otras proteínas
G) al contrario que la subunidad alfa, tienen mucha menor afinidad
por el GDP en oscuridad. La enzima PDE, posee cuatro subunidades,
alfa, beta y dos gamma. La activación se produce por la separación
de las dos subunidades gamma, permitiendo la hidrólisis del
GMPc ligado a la PDE.

Figura 3. Activación de la GMPc fosfodiesterasa
(Darnell y cols. 1990).
3. Adaptación de los bastones a la variación de
los niveles de iluminación
Los conos son insensibles a bajos niveles de iluminación
y la actividad de los bastones es inhibida a altos niveles de luz.
La actividad de los bastones es inversamente proporcional a la luz
ambiental, capaces de adaptarse a una variación de más
de 100.000 veces el nivel de luz, de modo que más que la
cantidad de luz absorbida, las diferencias en los niveles de luz
son las responsables de las imágenes visuales.
Un proceso contribuye a esta adaptación y el Ca++ forma parte
del mismo. La enzima guanilato ciclasa, que sintetiza GMPc a partir
de GMP, es inhibida por bajos niveles de Ca++ (figura 4). La GMPc
que abre los canales de Na+ también abre los canales de Ca++.
La luz reduce el GMPc y cierra ambos canales y la disminución
del Ca++ causa activación de la guanilato ciclasa y la síntesis
de más GMPc. Los iones de Ca++ continúan siendo bombeados
fuera de la célula por una glicoproteína intercambiadora
de Na+/Ca++. El descenso del calcio provocará la activación
de la proteína recoverina, la cual activa la guanilato ciclasa
que permitirá la síntesis del GMPc el cual permitirá
reabrir los canales de sodio y potasio provocando nuevamente la
despolarización o estado de reposo de los bastones. De esta
manera, cuanto mayor sea el cambio de intensidad lumínica
mayor será el número de canales que se cierran y los
fotorreceptores serán menos sensibles a cambios de intensidad
lumínica más pequeños.

Figura 4. Papel de la guanilato ciclasa en la regulación
del nivel de luz (Darnell y cols. 1990).
El sistema de la rodopsina debe ser al mismo tiempo regenerativo,
lo que se realiza mediante la rodopsina cinasa (RK), pero ésta
debe activarse también con GMPc. Para ello es necesario la
activación de la RK con GMPc y la presencia de ATP, así
la fosforilación de la rodopsina previene la unión
de esta última a la proteína G y el bastón
vuelve al estado de reposo. Este segundo proceso participa también
en la adaptación de los bastones a distintos niveles de luz
y previene la excesiva estimulación de los bastones bajo
muy altos niveles de luz. Sólo se fosforila la opsina estimulada,
no así la opsina en reposo (o adaptada a la oscuridad). La
opsina se irá fosforilando progresivamente al nivel de intensidad
lumínica, siendo cada vez mayor la necesidad de luz para
generar la señal visual. Cuando se adquiere un nivel máximo
de fosforilación, una proteína, la arrestina o antígeno
S, bloquea la fosforilación causando un bloqueo de la actividad
de los bastones (figura 5). El fallo de la fosforilación
de la opsina es la primera consecuencia de la degeneración
de los fotorreceptores (Schmidt y Berson, 1990).

Figura 5. Bloqueo de la fosforilación
por la arrestina (Darnell y cols. 1990).
Papel del cuerpo ciliar en la renovación
de los segmentos externos de los fotorreceptores
La diferencia fundamental entre los dos tipos de fotorreceptores
de la retina es su segmento externo, consistente en una pila de
cientos de láminas paralelas (discoides únicamente
en el caso de los bastones) de la membrana que contienen una alta
fluidez, siendo especialmente rica en DHA y moléculas del
pigmento visual. La morfología de los dos fotorreceptores
de la retina difiere esencialmente en que las membranas de los bastones
no son continuas y se engloban en un mismo espacio extracelular
(discos), mientras que en los conos, las membranas de dichas láminas,
llamadas lamelas, son continuas y encierran un espacio intracelular.
Estudios autoradiográficos revelan que las proteínas
sintetizadas en los segmentos internos son trasportadas a los segmentos
externos a través del cuerpo ciliar dentro de los segmentos
externos de los bastones (ROS), y los discos nuevos son insertados
en la base desplazándose progresivamente hacia la zona distal,
mientras que los discos más viejos son fagocitados por el
epitelio pigmentario (figura 6).

Figura 6. a) Esquema
de un bastón y de los discos de los ROS (Darnell y cols.
1990). b) Microfotografía del corte longitudinal del cuerpo
ciliar de un bastón. b: axonema, O: segmento externo, I:
segmento interno, mt: microtúbulos. (Barrong y cols. 1992).
El cuerpo basal ciliar del fotorreceptor o axonema es inmóvil
y no tiene brazos de dineína ni uniones radiales, su función
principal es el mantenimiento y desarrollo del segmento externo
e interno de los fotorreceptores (De Robertis, 1956) (figura 7).
Dentro de este papel, está asumida la función de comunicación
entre los segmentos interno y externo, mediante información
eléctrica desde el segmento externo y el transporte de constituyentes
y metabolitos de la membrana y citoplasma del segmento interno al
ROS (Bok, 1987).
El cuerpo ciliar es importante para la función normal del
fotorreceptor debido básicamente a:
- Durante el desarrollo embriológico, los segmentos externos
surgen de la elaboración del cuerpo ciliar (Shaly y cols.,
1997).
- En fotorreceptores maduros, el cuerpo ciliar es retenido como
el elemento principal del citoesqueleto de los segmentos externos.
Es la única conexión citoplasmática entre
los segmentos externos e internos, y por ello la ruta principal
por la cual todas las proteínas y productos de síntesis
en los segmentos internos son llevados a los segmentos externos
para su renovación.
- Las degeneraciones de la retina humana y la ceguera nocturna,
como es el caso de la RP, pueden ser el resultado de defectos
ciliares (Brown y cols., 1963; Nilsson, 1964; Cohen, 1965; Young,
1977; Anderson y cols., 1978; Arden y Fox, 1979; Ripps y cols.,
1984; Besharse y Horst, 1990; Barrong y cols., 1992; Berson y
Adamian, 1992; Bonneau y cols., 1993; Hasson y cols., 1995; Weil
y cols., 1995; Weil y cols., 1996)

Figura 7. Esquema
del axonema y microfotografía del axonema de un cuerpo ciliar
móvil (Darnell y cols. 1990).
Microfotografía del axonema
de un bastón (cuerpo ciliar inmóvil) sin microtúbulos
centrales (central pair), cuerpos radiales (radial spoke) y brazos
de dineína (dynein arms); en su lugar se interconectan los
microtúbulos por un nexo circular (flechas) y unidos a la
membrana por uniones en forma de Y (asteriscos) (Barrong y cols.,
1992).
Cualquier diferencia en el cuerpo ciliar podría repercutir
en la diferente distribución entre las membranas de los segmentos
externos de los conos (COS) y ROS durante su renovación.
Esta hipótesis predice que en los conos, pero no en los bastones,
el axonema ciliar se extendería por toda la extremidad de
los segmentos externos, y los microtúbulos del axonema estarían
presentes dentro de los fragmentos fagocitados dentro de la extremidad
de los segmentos externos, sugiriendo que el axonema ciliar puede
ser reemplazado durante la renovación de los COS pero no
en los ROS.
Las diferencias entre la renovación de los segmentos externos
en conos y bastones puede ser de una gran relevancia clínica
en la RP, ya que los bastones y conos se ven afectados de una manera
diferente. El axonema ciliar tiene una función crítica
en el citoesqueleto de los COS y su renovación. Un defecto
del axonema ciliar puede provocar disfunción de la visión
fotópica, tal y como ocurre en la degeneración senil
(Marshall, 1991). Si los axonemas son renovados en los COS pero
no en los ROS, tal y como ocurre en los modelos animales, los conos
podrían ser capaces de reemplazar la lesión del axonema,
mientras que en el axonema ciliar de los bastones la lesión
podría ser irreversible (Eckmiller, 1997).
Para la conexión de la rodopsina (discos) con la membrana
exterior es necesaria la liberación de un transmisor que
interaccione con los canales iónicos, presumiblemente el
Ca++, por la diferencia de potencial generada como señales
electroquímicas hasta el nervio óptico. Paralelamente
se puede producir un cambio de la permeabilidad (Figura 8).

Figura 8. Esquema general de la fototransducción. (Humphries
y cols. 1992)
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